Una noche muy
tarde, Pedrita trabajaba en la oficina. Al recibir una llamada de su amigo, hizo
una pausa momentánea.
-
¡Hola! Sí, estoy bien. Llegaré a casa tarde esta noche. ¡Adiós!
Mientras escribía a máquina, Pedrita oyó un ruido.
- ¿Hola? ¿Quién está allí? -
preguntó.
No hubo ninguna respuesta. Continuó trabajando
hasta que vio una sombra que la cubría ella. Sorprendida, ella giró y jadeó.
La mañana
siguiente, las detectivas Ava García y Lucía O’Toole compraban café y donas
cuando Ava recibió una llamada del jefe de policía. Ella dijo:
-
Hola. Sí. ¡Estamos en nuestro camino!
Después de queAva colgó el teléfono y se volvió
para decirle a Lucía.
-
Ha habido un asesinato. ¡Vámonos!
- dijo Ava.
Las dos detectivas
condujeron a la escena del crimen con su perro de caza, Dama.
Las policías
llegaron a la escena del asesinato. Carlota Cortez, el médico forense, informó a las detectivas cuando llegaron.
Ella les dijo:
-
Su nombre era Pedrita Gonzales. Fue encontrada por un compañero de trabajo
temprano esta mañana. La víctima tenía veintidós años, y murió de heridas de
arma blanca que resultaron de un golpe con una carta del abridor. Momento de la
muerte es aproximadamente a las once y media de anoche.
Cuando las detectivas
comenzaron a investigar, ellas descubrieron algunas de las cartas abiertas de
la víctima. Leyendo las cartas, encontraron unos trozos de correo odioso. En la
oficina, las detectivas también encontraron un periódico reciente dejado
abierto en la sección de obituarios y la cuenta abierta de correo electrónico
de la víctima.
-
Mira, - dijo Lucía - encontré un correo electrónico amenazador de Guillermo
Ignacio Juan Pablo Jorge Rivera III. Parece que fue de un ex-novio enojado.
Ava respondió:
-
Vámonos a su casa para ver si él tiene una coartada para anoche.
Al llegar a la
casa del ex novio, las policías comenzaron a cuestionar a Señor Rivera. El
ex-novio dijo:
-
Yo estaba preocupado porque Pedrita había sido muy disgustada últimamente. Su
padre ha sido a juicio por un problema relacionado con su compañía de seguros.
La cuestión ha dado como resultado la muerte de una mujer joven. Yo estaba
enojado porque el juicio comenzó a afectar a nuestra relación, pero no la maté.
Estuve en un avión anoche, volviendo a casa de mi viaje de negocios en
California.
Ava le dijo:
-
¿Conoce alguna información que pueda ayudarnos con nuestro caso?
Señor Rivera
respondió:
-
Sí, ha habido algunas llamadas telefónicas amenazantes a la casa. Aquí es el
número.
Emilia le dio
las gracias por su ayuda. Dijo a Ava:
-
Vamos a dividirnos. Voy a intentar el juicio y buscar más sobre la muerte de la
mujer de la investigación, tú puedes trabajar en las llamadas amenazantes.
Las detectivas
se reunieron en la oficina después de que habían descubierto alguna
información.
-
No tuve mucho información sobre la mujer - dijo Lucía, - y he encontrado su
obituario en el periódico.
-
¡Espera un momento! - dijo Ava, - ¡Ésa es la misma edición del periódico que encontramos
en oficina de Pedrita!
Mientras las
detectivas estaban debatiendo posibles teorías, Carlota, el examinador médico, entró
en el cuarto e inició la sesión de su computadora. Ava vio el protector de
pantalla de la computadora de Carlota.
-
Lucía, mira la imagen en la computadora de Carlota! ¡Es la misma chica que murió del juicio seguro!
-
Ella debe ser el asesino - dice Lucía.
-
Carlota, usted está detenida por el asesinato de Pedrita! - dijo Ava.
Carlota gritó:
-
¡Ustedes no me capturarán!”
Antes de que Ava
y Lucía pudieran capturar al criminal, Carlota corrió fuera del edificio. Con
su perro de caza, las detectivas fueron capaces de atrapar a Carlota.
-
¿Por qué lo hiciste? - preguntó Lucía.
Carlota
respondió:
-
La compañía de seguros se negó a pagar el tratamiento del cáncer de mi media
hermana, a pesar de que el tratamiento podría haber salvado su vida. Sé que el
CEO está en juicio, pero la cárcel no habría sido suficiente para compensar la
pérdida mía. Él tomó a
alguien de mí, así que tomé a su hija de él en revancha.
-
¡Usted va a ir a la cárcel por el resto de su vida! - dijo Ava. Las detectivas
pusieron a Carlota en el coche para llevarla a la comisaría.
-
¿Debemos parar por más café y donas en nuestro camino a la estación? - preguntó
Lucía.
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